(Articulo original : Pluma Encendida)
El anciano profeta doblando su manto, golpea las aguas del río Jordán. De repente, lo que parecía un plano perfecto comienza a moverse. Dios abre nuevamente un sendero de tierra seca dividiendo las aguas del famoso río. Esta vez solo cruzarán dos personas.
El anciano profeta doblando su manto, golpea las aguas del río Jordán. De repente, lo que parecía un plano perfecto comienza a moverse. Dios abre nuevamente un sendero de tierra seca dividiendo las aguas del famoso río. Esta vez solo cruzarán dos personas.
Los hombres comienzan a pasar. Elías parece tranquilo con lo que ocurre, ya está acostumbrado a vivir entre milagros. El joven Eliseo pareciera no poder contener su corazón dentro del pecho, está conmocionado observando las paredes de agua y mirando el suelo seco.
Elías precisa hablar. Solo tiene tiempo para una clase más pero Eliseo está muy distraído para escuchar, y aprender.
Cuando llegan al otro lado y mientras el Jordán vuelve a la normalidad, Elías dice a su joven aprendiz:
– ¿Dime qué puedo hacer por ti antes de que Dios me lleve?



